
Sihetekera Bakery
Al norte de Namibia hay una ciudad muy cerca de la frontera con Angola que se llama Rundu. Allí estuvimos visitando negocios y actividades locales que podrían ser interesantes para turistas solidarios que quisieran conocer mas la zona. La mayoría eran proyectos impulsados en su momento por el Ministerio de Género e Igualdad y que visitamos guiados por la directora regional.
Un ejemplo representativo es ‘Sihetekera Bakery’, que es una panadería local a 55 km al oeste de Rundu. Fue fundada en 1992, por 30 mujeres de la Misión Bunya, con el objetivo de reducir la pobreza, generar empleo para las mujeres y pagar las tasas escolares de sus hijos. En 1997 recibieron ayuda de la Fundación Africana para el Desarrollo a través del Ministerio de Género para un horno, una nevera y material.
Hicimos dos visitas muy diferentes a la panadería. En la primera, la oficial, la panadería estaba cerrada cuando llegamos y alguien fue a buscar a la encargada, que según se nos explicó estaba enferma ese día. Nadie explicó por qué aunque la encargada estuviera enferma el resto no trabajaba ese día tampoco. En esta visita se nos habló de la historia de un éxito en la cual, a pesar de los problemas un grupo de 15 mujeres llevaban un negocio que les daba de comer a ellas y a sus familias desde hacía 17 años.
La segunda visita fue bastante distinta. Fuimos con Agustinus, un trabajador joven de la WAD (Women’s Action for Development), una organización local. Nos contó bastante indignado que la panadería no funcionaba, que las mujeres que la llevaban no eran suficientemente competentes. Que habían recibido del gobierno años atrás dinero para iniciar el negocio, pero que hoy en día el pan que hacían no era bueno y la gente simplemente no lo compraba. La gente compraba pan traido desde Rundu a 55km, una pérdida enorme de tiempo y recursos. El pan se fabricaba a ojo, sin seguir una receta estricta y estable y a veces estaba bueno mientras que otras salía incomible. La panadería era un negocio ruinoso y estaba cerrada a menudo.
En definitiva Agustinus estaba indignado por este potencial desaprovechado en una zona, Kavango, en la que oportunidades como esta escasean. Si no hubieramos hecho la segunda visita, nos habríamos ido sin saber todas estas cosas.
Como este ejemplo hay montones. Proyectos que empiezan con el dinero y la buena voluntad de alguien pero a la larga se convierten en máquinas de perder dinero crónicamente, que no se sostienen por si mismas sino que tienen una perpetua necesidad de financiación externa.
Para hacer funcionar un negocio hace falta algo más que la buena voluntad y el dinero de un donante, hace falta que la gente local esté interesada, que tengan ganas y al menos nociones básicas de como gestionar una empresa. Como dice Muhammad Yunus en Banker to the Poor dar dinero simplemente por inercia no siempre crea soluciones sino que es contraproducente, generando a veces una dependencia de las ayudas externas que roba a la gente de su propia iniciativa.
Hasta la semana que viene.